#PromovamosLaLectura

jun 24

Fue un asesino silencioso. Aprovechó lo sumiso de Chavela para acercarse a ella; con su piel suave pero picante, con esos pequeños pelillos que rozan los labios cuando saboreas su delicia. La envolvió con el dulce aroma que arrojaban sus jugos y embelesó el recorrido desde la garganta hasta el ombligo, pasando por el corazón perdido. 

 

Ella estaba dolida. Apenas ayer fue rasgada y ardida por un villano salpicado de rojo liquido que hizo quemar hasta sus secretos. Estaba sublime ante la presencia de su agresor, temblando y rompiendo los tendones que recubrían su rosa piel. Su grito amorfo apenas si lo escuchó su vecino y aún así sucumbió. 

 

Fue un durazno asesino el que remató a Chavela, sangró discretamente en manos de la digna Doña Gastritis. ¡Pobre Chavela y su eterno castigo de estomago herido!  

 

 

#Instantes

@KataValast

 

abr 25
Digo esto porque el erotismo es, en sí mismo, deseo: un disparo hacia un más allá, como ráfagas de dolor clavadas en el alma, una muerte silenciosa que nadie puede aplacar.
Es tortura cuando quiero tatuar el juicio carnal en mi compañera de almohada. Sufro al rozar su piel congelada, como si le arrancara el espinazo y jugara mis dedos helados y aletargados entre cada hueso que forma su cuerpo.
Me miento por la mañana al ver danzar sus piernas con dirección contraria a mis suspiros, y aunque parece fácil dejar ir lo que no es tuyo, mis elocuencias cavilan en independencia y se desata mi instinto.
Digo esto por que el erotismo es, evidentemente, delirio: una impasible fantasía que nace de uno y a veces, sólo  remotamente, se comparte entre dos.
mar 19
No te toco porque te miro, te respiro y poco a poco te camino. Recorro inauditamente desde las puntas de tus dedos, hasta lo crispo de tu pelo, ese que es negro, tanto como el pasillo que encontramos cuando nos amábamos en los buenos tiempos.
No te beso porque te suspiro, y lentamente te aliento para hacerte infinito y sumiso y perdido. Y te engendro cada que te recuerdo, como si fueras la letra roja que señala el error de mis textos; como esa marca que otros notan y yo, sin embargo, penosamente justifico.
No te veo porque mueres lentamente en mi ceguera; la que llegó a mis ojos después de conocer tus manos sobre el ajeno, sobre el pecado que mi abuela llamó para que confundiera el romance con una nueva oportunidad de redactar papeletas.
No te canto porque te quedaste sin sonido, y sin embargo te leo, te descifro, te compongo una nueva melodía cada que recuerdo que fuiste mío. Y entonces, entre cantos de hadas y sirenas, descubro que no te canto porque no fuiste letra.
No te amo porque te anhelo, te extraño y te entierro. Borro paso a paso, vela a vela cada una de tus huellas, porque eres carta vieja, una marca que el agua borra como tinta al vino derramado sobre arena. No te amo porque no eres mío, ni lo fuiste ni lo serías.
mar 13

neko

ene 20

Era viernes que parecía lunes por la mañana, la noche caía descontrolada por mis momentos y me hacia recordar instantes que jamás volverían; y entonces, en ese segundo, apareciste sollozando en secreto por una calle concurrida, plagada de insensibles humanos que sólo te hacían resaltar más.

Conocí tus pasos como si nuestro andar fuera el mismo, como si el halo de nuestras huellas compartieran ritmo desde nuestro nacimiento. Y entonces te seguí. Decidí ser la sombra de tus pensamientos y hacer de tus instantes un dulce tormento. Anestesié mi presencia determinante y corrí sobre las lagrimas que en un futuro haría mías.

Esta mañana te conocí. Me enamoré de noche y te hice mío en una tarde de otoño en la que aprendí a compartir cada mañana de noviembre; de invierno. Diego, decían los otros que era tu nombre, un sueño era el apodo de las rameras que perseguían tus nubes, y Don Nadie el título que tus enemigos gritaban en mi odio cuando trataba de decirles que tú eras su mentira.

Hoy es miércoles, mucho más parecido que nuestro ayer en el que miraste mis ojos ilusionados. Hoy terminó el inicio de nuestro amor, y entonces; triste y caóticamente, una tarde comprendí que una costumbre podría ser. Retrocedí por el callejón donde te vi por primera vez, y agachando la mirada para ver el corazón herido, partí en busca de otro melancólico que sepa enseñarme a querer.

 

oct 22
¿Por qué calificar a los días? 
Lamentablemente se califican a las personas, las actitudes que toman y los resultados que se obtienen, NO a las horas, los minutos: el tiempo.
El día no tiene la culpa, sólo es papel de una historia que escribes; y recuerda: Existe la goma, el corrector e incluso los tachones.
Él no tiene la culpa de lo que pasa, él sólo transcurre, anda a tu lado, soportando lo que tú le imprimes. Por eso, no califiques al día.
Si te duele, cámbialo, pero después de analizarlo y asimilarlo.
[ lo que no te mata, te fortalece ]
oct 04
¿Qué sería de nuestra vida sin los cuentos?
Somos unos humanos que insisten en vivir en la fantasía, plantear retóricas a las mentiras que nos decimos día a día, y soñar, soñar, soñar.
Vivimos en un constante cuento de hadas, sintiéndonos la cenicienta, una falsa afrodita, el príncipe valiente y hasta en la bruja y el dragón. Le insistimos a nuestra mente en creerse del bien y el mal, cuando sólo existe el “ser” en pura esencia, mentirosa, hipócrita, pero real.
Saboreamos la derrota de nuestros enemigos cuando los vemos caer y llorar, y reímos fingiéndonos Candy White… Entonces es ahí cuando el cuento del otro comienza y pasamos de ser protagonistas al villano más vil.
Nuestras fantasías pasan de nube a nube, de filosofo a líder espiritual, de novedoso a hipsterretroidealistasumisoluchadorigualadosocial, de página a capítulo, de mentira a realidad.
Dicen los cuentos que fue feliz por siempre; lo malo es que nadie ha conocido a Siempre.
Tal vez, si no existirán los cuentos y la utopía del beso final, merolicos de sueños como yo, no tendríamos historias que contar y entonces no podríamos seducir a nuestros lectores para que creyeran que en nuestra mente tenemos la verdad.
Quizá, si no existieran los cuentos, nos inventariamos otra forma de soñar.
sep 23
Mientras escucho aquellos “clásicos del rock” que todo mundo ha pisoteado a lo largo de la historia, me retuerzo entre el cuero viejo de mi sillón negro que siempre ha aceptado amenamente mis posaderas durante algunos veintenomeacuerdo años; y canto los patéticos dramas que no he sido capaz de vivir en carne propia.
Después de conocer a mis “mejores amigas” en circunstancias verbalmente lamentables, el sabor del mundo se volvió peor que cajeta podrida y pestilente. Me costó trabajo tomar valor para darle play a las canciones que no hablaran de suicidio o dolor apático y desamoroso. Durante algún tiempo mi frase favorita era un “quiero morir” acompañado de un vaso de leche y galletas con muchas chispas de chocolate; hoy he cambiado… ¡La vida tiene sentido con el café y un panquecito!.
Algunos (in)humanos trataron de sacarme del chiquero en el que me instalaba para escribir fantásticos cuentos llenos de romance y etéreos sueños, pero incluso yo sabía que la fantasía rosa sale de la una mente pervertida y torcida. Aún así dejaba que creciera mi ego; ese que entre más aumentaba, más aplastaba mi vida denigrante.
Y después de muchos largos capítulos, Los amantes de Lola se convirtieron en testigos de mi estridente levantar, coro de mi voz rasposa e infantil que describía una nueva era; aunque aún sentada en el oscuro cuchitril y comiendo vegetales bañados de picante artificial, las ganas de mimetizar los ojos negros de rímel corrido de una niña, a la sonrisa maléfica de la mujer que por fin concluyó el plan.
Un último sorbo al expreso y a ejecutar: sé dónde vives y cómo te voy a matar.
¡Bienvenida felicidad!
Kimi ni todoko
may 23

Entiende mi dolor, luna.
Deja de marchitar a mis suspiros,
a mis martirios.
dime la verdad, luna.

Muestra aquel rincón tuyo,
secuestra mi mirada y enséñamelo;
préstame a tu ángel prohibido.
Déjame tocar la mano de mi amigo.

Luna, luna enmascarada.
Voltea y devela lo que fue mío.
Maldita Luna Mojiganga,
entrega a mi alma su divino aullido.

¡Anda astuta estrella blanca!
Ocultadora de pecados asesinos,
¡Bonito astro de mi tierra!
Sonsacadora de dolores y penas.

Sólo enseña el fastidio de mis recuerdos,
ilumina una vez más a mis sueños,
a mis anhelos,
Y regálame un momento eterno.

Dime, Luna. Luna enmascarada.
préstame a tu ángel prohibido.
secuestra mi mirada y enséñamelo;
déjame amar una vez más a mi amigo.

may 16

Insinuante a besar mis muslos,
destrozar mis caderas,
suave,
dulce,
delicioso.
Instrúyete en los placeres;
en la orgía de los dementes.
Enclaustrame y miente,
di que sos mi castigante.

Árdeme con besos sangrantes
y acaricia mis entrañas
con malicia irritante.
Desmenuza mis suspiros y
hazlos una estúpida constante.

Déjame luchar desnuda,
romper lo cristalino de tus ojos
negros,
oscilantes.

Quiéreme como amante,
sólo una noche perturbada.
Sedúceme, arráncame,
aunque sea mátame.